Cuando el dolor toca el alma

Es incomprensible perder a alguien que amas.
Aún más incomprensible es descubrir cuánto la amabas cuando ya no hay más días por venir.

Han pasado nueve días desde que cerraste tus ojos para siempre, y el recuerdo que más atesoro de ti son tus ganas de vivir, tu alegría en medio de la dificultad y esa frase bromista que nunca olvidaré:
“Calita, yo soy la más bonita…”

Duele dejarte ir, cerrar los ojos y no pensar en ti, en las cosas que no hicimos, en los silencios que tuvimos. Pero algo aprendí contigo, hermana: nada ni nadie podrá romper ese lazo, esa conexión que encontramos en el sincero amor.

Ya no hay más días para abrazarte en esta vida, pero sí para viajar hacia ti en pensamiento y en el alma. Así sigo disfrutando de nuestras bromas, de nuestras risas, de los recuerdos que nos hacían sentir que no había nada más importante que reír, llorar y abrazarnos hasta que se acabara la canción.

Gracias a ti, hermanita, aprendí a respirar con intención, a hacerlo de manera consciente, a respirar para sanar, para encontrar respuestas, para soltar el dolor.
En esos últimos días juntas respiramos para sanar, para fortalecernos, para agradecer porque estábamos más unidas que nunca.

Le agradezco a Dios por haberme permitido estar contigo hasta el final.
Por dejarme darte los miles de besos que antes no te di,
por dejarme abrazarte y cuidarte como a mi hermanita pequeña,
por darme tiempo para decirte una y otra vez: te amo, hermanita.

Hoy la vida continúa, y como siempre me decías:
“Haz tus cosas, hermanita…”

Intentaré hacerlo, pero cada día será un recordatorio de que el amor es lo único que permanece. Todo lo demás es efímero: sin amor, nada somos.

Hoy descubrimos —Marcela, tú y yo— que el amor es más importante que cualquier cosa.
Por ese amor de hermanas, elijo transformar el dolor de tu partida en fuerza, la nostalgia en gratitud  y tu ausencia en inspiración para seguir adelante.

Cumpliré el propósito que Dios puso en mí, tal como me lo recordabas:
“Qué lindo, hermanita, estás cumpliendo tu propósito… la más pequeñita hace cosas grandes.”

Te amo, hermana.


Fuiste mi héroe de niña y mi heroína guerrera de grande.
No conozco a nadie que haya luchado en la batalla como tú.
Nunca te rendiste… y ese ejemplo seguiré, pase lo que pase.

Por ello, no me quedaré estancada en la tristeza,
porque sé que tú quisieras verme seguir,
verme florecer, verme cumplir el propósito que Dios puso en mí.

Por ti, por mí, por nosotras, por el amor que nos une…
¡sigo adelante, hermanita! y aunque el dolor toca el alma,

la paz de Dios pone calma, al dolor de ya no verte, ahora te tendré presente en recuerdos en mi mente y en esa frase tan tuya que dice: “Dios es bueno siempre”.

SHARE

Enlaces rápidos

INICIO

SOBRE MI

LIBROS

CONTACTO

WHATSAPP: 941511314

Newsletter

Te obsequio Mi EBOOK "RENUEVA" por suscribirte a la newsletter .

Al unirte, aceptas recibir nuestra newsletter y que puedes cancelar tu suscripción en cualquier momento.

Creado con ©systeme.io